<B>Lula: política y economía</B>

Rafael Pampillón. Profesor. Instituto de Empresa

22 Enero 2004

La vinculación entre las decisiones políticas y su impacto económico se acentúa en los países emergentes, con casos tan claros como el del proceso electoral que llevó a la presidencia de Brasil a Lula da Silva.

Una de las lecciones más interesantes que pueden extraerse del año 2003 es la relación existente entre política y economía. Un ejemplo muy claro lo tenemos en las elecciones presidenciales de Brasil. Durante la segunda mitad del año 2002, los observadores fueron cambiando su percepción sobre quien iba a ganar las elecciones, y modificando también sus perspectivas sobre el futuro de la economía de Brasil. Una de las controversias más fuertes se generó alrededor del riesgo de impago de la deuda, ante la posibilidad de que Lula ganara la presidencia, al ser Lula un candidato de la izquierda que había expresado en años anteriores dicha necesidad. La incertidumbre crecía conforme avanzaban el tiempo y se incrementaba la probabilidad de que Lula ganara.

El “riesgo país” aumentó, la deuda brasileña a largo plazo se hizo insostenible, y muchos de los calificadores de riesgo suprimieron su apoyo a Brasil y aconsejaron a los inversores retirar sus capitales debidos. Finalmente, el 27 de Octubre de 2002, Lula da Silva es elegido presidente, y queda cerrado el proceso de incertidumbre. Pero el llamado “efecto Lula” estuvo a punto de llevar a la bancarrota a la quinta nación más poblada del mundo: disparó el riesgo-país hasta los 2.700 puntos, depreció el real hasta 3,95 unidades por dólar y, prácticamente, hundió la Bolsa de Sao Paulo.

[*D A la inversión extranjera no le gusta la incertidumbre *]

A lo largo de 2003 se alcanzaron equilibrios de forma notable: se estabilizaron los precios, la cuenta corriente cerró con un ligero superávit, y se produjo, a la vez, una fuerte apreciación del Real brasileño. La confianza se restableció, entre otras razones, por el endurecimiento de la política monetaria (para controlar la inflación), el logro del superávit público primario, la garantía de independencia del Banco Central y el proceso de aprobación de las reformas estructurales. Este episodio muestra cómo a la inversión extranjera no le gusta la incertidumbre, y ésta genera fuertes, aunque pasajeras, turbulencias en los mercados. También demuestra que la relación entre política y economía es muy estrecha en países emergentes, donde, debido a la debilidad de las instituciones, las elecciones tienen mucha importancia. Esta debilidad es la que hace que cobre relevancia el candidato a presidente, ya que sobre él recaerá gran parte de la responsabilidad de cumplir las promesas electorales realizadas.

Las transacciones financieras internacionales dependen fundamentalmente de la confianza que los agentes económicos tengan en la “salud financiera” de una nación. Por eso, en mercados emergentes altamente dependientes del flujo de capitales y, por tanto, de la confianza del mercado, los políticos deben esforzarse por mantener el apoyo de los inversores. Muchas veces los inversores pierden su confianza en los países emergentes debido a la inestabilidad política de los mismos.

Como consecuencia, estos países sufren más crisis económicas que los países desarrollados. El problema de la falta de confianza en los mercados emergentes se ha agudizado con la globalización, debido a la mayor rapidez de los movimientos internacionales de capitales. De ahí que, situación política y mercados financieros estén estrechamente relacionados en los países emergentes, en los que la incertidumbre y las decisiones políticas tienden a propiciar grandes impactos en las variables financieras y, sobre todo, en los mercados bursátiles.

[*D La reputación es un bien delicado: cuesta mucho ganarla y mantenerla, y muy poco perderla. *]

En un libro recientemente publicado (The Political Economy of Emerging Markets, Edit. Palgrave, Nueva York, 2003), Javier Santiso da las claves para entender las crisis financieras de los mercados emergentes. En el libro se demuestra que en Latinoamérica, durante los últimos procesos electorales, se han producido fuertes vaivenes en los tipos de cambio, como consecuencia de la desconfianza y la incertidumbre. ¿Qué pueden hacer los países emergentes para superar esta situación? Sólo les queda hacer como Chile, es decir, labrarse una reputación, ganarse la confianza de los mercados para que estos confíen en el país y en su sistema. Se trata de un proceso largo, que exige introducir políticas económicas transparentes y consistentes, hacer frente al pago de las deudas, respetar los contratos y los derechos adquiridos por las empresas, y generar la necesaria seguridad jurídica y la confianza en el marco legal en que se desenvuelve la inversión nacional y extranjera. No debe olvidarse que la reputación es un bien delicado: cuesta mucho ganarla y mantenerla, y muy poco perderla.

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