Martha Thorne: La incomunicación en nuestros tiempos, asignatura pendiente

Yolanda Regodón. Directora Adjunta Comunicación. IE Business School

23 Septiembre 2013

Tuve una cita con el Arte y dos americanos en el Palacio de Villahermosa: Edward Hopper (1882 -1967) y Martha Thorne. Quedamos por la mañana temprano en uno de esos edificios importantes de la arquitectura palaciega madrileña, situado en la milla de los museos de Madrid.

Martha Thorne, directora ejecutiva de los premios Pritzker y vicedecana de IE, fue puntual y entusiasta: “Un lujo empezar el día así”, comenta. Y, sin duda, lo fue, porque no es muy común adentrarse en un palacio del siglo XIX, justo antes de que lo abran al público y disfrutar de esos momentos casi de intimidad con el pintor y la urbanista para hablar de la historia americana, de arte, de arquitectura, de lo divino y de lo humano. Una conversación que está llena de diálogo frente a la incomunicación de los personajes de Hopper y lo estático de sus paisajes. Solo una pista, Hopper es el pintor de la rutina, de la vida moderna y de la soledad que ésta conlleva. A Thorne, le encanta el diálogo y la observación. “La incomunicación es la asignatura pendiente de nuestros tiempos”, asegura.

Thorne, que se siente española pero es muy americana, es una ciudadana del mundo. Nació en Rochester en el estado de NY, pero Philadelphia, Bufalo, Londres, Chicago, Madrid y Hamburgo forman parte de su vida. Hopper vivió casi toda su vida en Nueva York, también en Cape Cod, con breves estancias en París, Holanda y España.

El Museo Thyssen-Bornesmisza reunió la colección de Edward Hopper más importante expuesta en Europa, con 73 obras que repasan la evolución del estilo y los motivos del pintor. Para Thorne, “un artista ha logrado su objetivo cuando su obra despierta recuerdos y emociones”. Hablamos de los paisajes de Hopper, de sus edificios, de su arquitectura, de sus colores, de sus sombras, de sus personajes y de su falta de diálogo. Y, sobre todo, de la importancia de cómo nos situamos ante la vida.

En la obra del artista americano, el arte y la arquitectura están muy comunicados. En la mayoría de los cuadros de Hopper donde retrata figuras humanas, también hay edificios, hay paisajes. Hopper es muy consciente del medio ambiente físico. Thorne está convencida de que la pintura y la arquitectura están relacionadas y nos cita a la arquitecta Zaha Hadid y su influencia por el constructivismo ruso.

La formación y las influencias en la vida de cada persona son esos accidentes inesperados, que te van forjando.

El realismo influyó a Hopper, pero también su viaje a París para entender el color al estudiar la pintura impresionista. A Thorne le marcó, y mucho, su experiencia en dos ciudades: Londres y Madrid. EEUU es su país y donde empezó su formación, en la Universidad de Bufalo (EEUU) que continuó en la London School of Economics, Londres. “Esa etapa me enriqueció muchísimo y me facilitó un prisma para ver el mundo. Pero esa integración entre trabajo, familia y amigos, la importancia de las relaciones humanas, la forma de comunicarse, de sentir pasión por las cosas, eso es gracias a mi experiencia en España”.

Hopper no es un pintor alegre .Te coloca en esa situación estática y un poco nostálgica al pensar que eso ya ha pasado. “Hopper no te abre muchas puertas al futuro, simplemente te dice de alguna manera que te estés quieto y mires durante un segundo al pasado. Su pintura tiene esa capacidad de hacer reflexionar a las personas, de incitar al público a pensar”.

Algunos demandan del artista un compromiso olvidado, otros le exigen silencio. Le pido a Thorne que me hable de las cualidades del arquitecto del siglo XXI. “Un arquitecto tiene que tener imaginación, innovación, conocimiento profundo cultural, técnico y tiene que ser una persona totalmente incansable. Ser arquitecto es una lucha constante hay que intentar experimentar, intentar llevar a cabo un buen proyecto, con la mente abierta. No solo hay que buscar esos caminos o esos sitios de intervenciones que son diseñar un edificio, sino tener pequeñas intervenciones en otros sitios, empleando esa capacidad de análisis espacial, eso es lo que creo que tiene que tener”. El legado de Mies van der Rohe de “Menos es más” le parece siempre acertado, mucho más que Less is a bore.

Viendo la exposición, hay una obra que le toca su sentido patriótico, en cuanto la ve, la señala y dice: “ésta”. Es Gasolina 1940 que pertenece a The Museum of Modern Art, Nueva York. El cuadro es una gasolinera, un hombre que trabaja o es el dueño de la misma y un personaje que espera. “Esta obra es la esencia americana, es el individuo. Para bien y para mal. En EEUU el énfasis está en el individuo, en marcar su camino, tener su negocio, aunque sea una pequeña gasolinera, en la que al final del día tenga que recogerlo todo y cerrarla... yo lo veo como una captación de la esencia de la vida americana. Puede que ahí solo veamos un cuadro pero también es como yo veo la vida de las personas. Me he preguntado a mí misma dónde encuentras el equilibrio entre el individuo y la sociedad, entre el individuo y tu comunidad. Yo que soy una americana en España, hay veces que me siento completamente española e integrada, y en otros momentos me siento muy americana”.

Starquitects

Las ciudades y sus edificios. Algunos expertos dicen que se ha acabado la época de este tipo de arquitectos, de los starquitects. “Actualmente muchas ciudades se están replanteando su identidad, y yo creo que es un acierto usar la arquitectura de grandes nombres para conocer y crear una ciudad. Ahora estamos en un momento económico en el que hay que pensar muy bien en qué se gasta y cómo se hace, eficaz y correctamente. Siempre es necesario meditar antes de hacer nada. Preguntándote quién es el mejor profesional para llevar a cabo un determinado proyecto. Un proyecto urbano es demasiado importante para tomar una decisión rápida. Hay que valorar muchos aspectos e investigar muy bien quién es el profesional más adecuado para ese encargo”.

Un buen edificio para la urbanista tiene que reunir muchas cosas pero sobre todo tiene que cumplir con su función. "Tiene que ser un concepto mesurado, que no sobre ningún elemento en el diseño del edificio, y que no falte. Hay muchos edificios que quitas algo y sigue siendo el mismo. Tiene que ser un “buen vecino” para los demás edificios, teniendo en cuenta lo que está a su alrededor. Tiene que contribuir algo a su entorno. No es un edificio aislado, es parte de la ciudad, paisaje o donde esté”.

No puedo dejar de preguntarle por el Pritzker (el Premio Nobel de la Arquitectura), del que ella es la directora ejecutiva, si evoluciona y cuál es su estado. Ella está convencida de la evolución del premio y asegura que va muy despacio porque es un premio con una reputación tan consolidada que tiene tendencia a no querer modificarse. Dice que se está haciendo un gran esfuerzo en encontrar talento en los sitios menos esperados, Asia, India, África. “¿Tardará mucho en volver a ser un español?” le pregunto, y me contesta que hay mucho talento en España. “La arquitectura española tiene una característica muy positiva, ya que es una arquitectura a veces muy profunda. No son gestos vacíos. Comunicar esa profundidad requiere un esfuerzo por parte de los que estamos aquí en España, y también para el ju rado del Pritzker al examinar muy detenidamente lo que se está haciendo. En España existe una historia de arquitectos buenísimos, y eso pone un reto aún mayor: no podemos ser complacientes. El gran reto de la arquitectura española en estos momentos es mirar dónde está y dónde puede ir y no quedarse anclados en el pasado ni en el presente”.

Agradecimientos al Museo Thyssen-Bornemisza y a su director de Comunicación, José María Goicoechea.

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