MOOCs: Una educación Socrática

Rolf Strom-Olsen. Director Académico. Centro de Humanidades IE

23 Enero 2014

Los MOOC, con un carácter gratuito y abierto, han generado gran inquietud en el mundo académico. Sin embargo, su naturaleza les convierte en ejemplo del ciudadano socrático.

Por fin va a comenzar mi curso MOOC (Análisis crítico del Management) tras siete largos meses de trabajo -¡todo mi agradecimiento para Phil, mi director!-. En el video de introducción que grabamos para explicar el programa del curso, insisto en que, al ser una clase de humanidades disfrazada de clase de estrategia, para la metodología me he basado en los dos conceptos fundamentales del pensamiento socrático: la verdadera sabiduría consiste en saber que no se sabe nada, y la vida no contemplativa no merece la pena ser vivida.

Pero, aunque estos dos sentimientos del pensamiento socrático son los más conocidos, y aunque son el fons et origo de la búsqueda humanista, hay un tercer punto tan importante como éstos que no pude incluir en el video, por estar ya poniendo a prueba la paciencia del público.

Es esta parte, extraída de la Apología:

No me condenéis, le dice Sócrates a su jurado ateniense, porque si lo hacéis, no encontrareis fácilmente a otro hombre parecido, y soy, si se me permite la expresión un poco ridícula, una especie de tábano dado por Dios a la ciudad, y la ciudad es un caballo grande y noble, tardío en sus movimientos debido a su propio tamaño, que necesita ser estimulado. Soy ese tábano que Dios ha unido a la ciudad, para que durante todo el día y en todas partes me agarre a vosotros, para estimularos, persuadiros y corregiros.
Es una idea esencial en el concepto del ‘ciudadano socrático’. No es suficiente con examinarse a uno mismo y al mundo que le rodea, con poner en cuestión las opiniones de uno y ponerlas a prueba. Hay que hacer pública esta agitación crítica mediante la concienciación, la persuasión y la corrección de los errores, según plantea Sócrates. Necesitamos, en resumen, más tábanos.

Creo que en este contexto, Sócrates, que ante todo era un maestro, habría aprobado la idea de los MOOC. Aunque éstos han generado gran inquietud en el mundo académico (como ha demostrado el Schadenfreude descarado por el esfuerzo fallido de la universidad San Jose State de reconocer los MOOC como asignaturas universitarias estándar), creo que en realidad la causa de esta preocupación es el miedo a que los MOOC transformen la educación en producto, haciendo del profesor alguien prescindible en su propio aula.

Los MOOC (Massive Open Online Course) son una modalidad de educación abierta que se ofrecen gratuitamente a través de plataformas educativas en Internet.

Basándome en mi experiencia –limitada, lo admito- creo que es una preocupación injustificada, porque básicamente no tiene en cuenta el papel social de los MOOC. Los MOOC no aportan una educación universitaria, sino un conocimiento de nivel universitario: son dos cosas muy distintas. Ahora resulta difícil no verlo como algo positivo en un contexto social y socrático.

Los grandes críticos de los MOOC insisten mucho en el hecho de que la tasa de abandono en estos cursos alcanza la impresionante cifra del 95%, de que la evaluación es (por obligación) flojísima, y que en comparación con un curso universitario estándar, no es una plataforma de enseñanza eficaz. Todo esto es cierto. Y todo es irrelevante. Si se apuntan 100.000 estudiantes a un curso gratis y sin ningún compromiso, es absurdo considerarlo una matrícula. Como mucho, es una muestra de interés. Desde mi punto de vista, el que acaben el curso el 5% de los que se inscriben, ya es admirable, e incluso ilusionante.

Porque esto es lo importante: los MOOC ofrecen una oportunidad excepcional de difundir conocimiento, aunque sea de un modo que no encaje –y no puede ser de otra forma- con los estrictos estándares de una institución universitaria prestigiosa. Ese estándar está fuera de lugar. Como bien dijo La Rochefoucauld: "C’est une grande folie de vouloir être sage tout seul” (Es el colmo de la locura querer ser el único sabio)

Abrir caminos para adquirir conocimiento es una parte esencial de la acción de Sócrates. Si puede ayudar, aunque sea puntualmente a que la gente adquiera conocimientos, ideas e inquietudes que no habrían tenido sino, entonces, sin duda, es algo positivo. ¿Quién, al ver los desafíos a los que nos enfrentamos, pensaría que no necesitamos más tábanos? Con toda seguridad, Sócrates daría el visto bueno. 

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