Perspectiva internacional de la Responsabilidad Social Corporativa

Joaquín Garralda. Profesor. IE Business School

6 Noviembre 2008

La Responsabilidad Social Corporativa puede considerarse ya parte del ADN empresarial, pero como ocurre con los humanos, también aquí hay diferentes etnias.

Hacia el año 2000, las grandes multinacionales empezaron a comprender, desde una perspectiva mundial, que si en los países menos desarrollados existía inestabilidad política, corrupción, malestar social, y no se daban unos mínimos de sanidad y educación, la pobreza se convertiría en estructural y las repercusiones de esta situación no se quedarían reducidas a estos países, sino que afectarían de diversas formas en sus mercados desarrollados.

Por otra parte, los organismos políticos supranacionales empezaron a reconocer la necesidad del apoyo de las empresas para lograr los Objetivos del Milenio, iniciativa de las Naciones Unidas creada con el fin de erradicar la pobreza en el mundo. Una muestra de este reconocimiento es la iniciativa del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, presentada por Kofi Annan en 1999, ante los grandes empresarios internacionales reunidos en la Cumbre Económica Mundial de Davos (Suiza).

[*D Los Objetivos del Milenio definidos por la ONU para erradicar la pobreza se han recibido de forma diferente por las empresas de cada país *]

Firmar esta iniciativa supone para las compañías tratar de incluir los diez principios de respeto de los Derechos Humanos, Laborales, Medioambientales y en contra de la Corrupción en todas sus operaciones, independientemente del país donde se realicen. El objetivo final es que las empresas establezcan limitaciones voluntarias a su proceder, en entornos donde la fragilidad de las instituciones o la falta de control podrían incitar a comportamientos contrarios a estos principios y a su visión de un mundo más humano y sostenible.

Sin embargo, estas reflexiones y respuestas no se han recibido con igual intensidad en las empresas de todos los países. En la Europa de los países avanzados, el concepto de Responsabilidad Social Corporativa tiene mucha fuerza entre las grandes compañías, e incluso se están apreciando unos tímidos pasos entre las pequeñas y medianas empresas más innovadoras. La adhesión a organizaciones solidarias, la firma de compromisos como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, y la aceptación de compromisos con asociaciones del tercer sector, entre otras acciones, están produciendo un cambio en el paradigma de la gestión de muchas compañías. A pesar de que en muchos casos todavía es una cuestión de comunicación (o de mercadeo y marketing), también hay evidencias de que en muchos consejos de administración el tema se trata con interés y se buscan soluciones adaptadas a las circunstancias de cada empresa.

[*D En Europa, la RSC tiene mucha fuerza; en EEUU, se asocia con el cambio climático; y en Latinoamérica, con la Acción Social *]

En cambio, en Estados Unidos, la aceptación de la Responsabilidad Social Corporativa ha sido más tibia y muy asociada al término de Sustentabilidad, que se relaciona más con los problemas medioambientales y, sobre todo, con los problemas que se derivan de los cambios climáticos. Desde una perspectiva liberal conservadora, justificar unos costes, gastos o inversiones para hacer frente a los riesgos que se pueden producir por un calentamiento de la tierra es muy racional en compañías de seguros, inmobiliarias o parques de ocio, que ya están demostrando su preocupación y la traducen en unas prácticas de financiación más exigentes en los temas medioambientales.

El número de empresas de Estados Unidos que han suscrito los principios del Pacto Mundial, por ejemplo, ha sido muy inferior a lo que le corresponde por su tamaño; si bien es necesario tener en cuenta, en su descargo, que en su contexto de demandas legales millonarias, las compañías son muy prudentes a la hora de firmar compromisos, cuando éstos pueden ser ambiguos en su interpretación y difíciles de controlar en todas sus actividades mundiales, como es el caso.

En Latinoamérica, el reflejo de este movimiento internacional tiene algunos matices diferenciadores, aunque es coherente con lo apuntado más arriba. La preocupación sobre los temas que abarca la RSC tiende a estar orientada hacia la Acción Social, es decir, su enfoque es más filantrópico, como se puede apreciar en aquellos grupos familiares que actúan siguiendo pautas que reflejan los valores de sus propietarios, o del fundador de la compañía. En general, desarrollan programas de ayuda a las personas de su entorno operativo que están más desprotegidas.

[*D Se debe evolucionar de la filantropía genérica a la estratégica, ayudando en aspectos relacionados con la actividad propia del negocio *]

Lógicamente, además de la preocupación por las condiciones de vida de las personas que viven alrededor de sus instalaciones, el tema de la protección medioambiental es recurrente en aquellas empresas extractivas que se muestran sensibles a la RSC. En este sentido, los ejemplos de la Compañía Minera Antamina y de Cementos Lima son reveladores.

Pero, para que estas ayudas y programas sean sostenibles en el tiempo, y con el fin de evitar que deriven hacia un excesivo paternalismo protector, que puede percibirse negativamente por muchas personas, las empresas en el entorno latinoamericano que apuesten por la RSC deben evolucionar desde el paradigma de la filantropía genérica hacia la filantropía estratégica, en el que la ayuda suministrada por las empresas está muy relacionada con la actividad propia del negocio y menos con las necesidades y carencias del entorno en que actúa.

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