Reflexionemos: ¿la deslocalización es buena o mala para España?

<a href="http://www.ie.edu/esp/sobreie/sobreie_expertos_detalle.asp?id_exp=349">Oswaldo Lorenzo</a>. Profesor. Instituto de Empresa

21 Marzo 2007

El cierre de la planta Delphi en Cádiz ha vuelto a sacar a la palestra el espinoso debate sobre la deslocalización. Un fenómeno que, guste o no, debemos abordar y aprovechar.

Cuando uno habla sobre la deslocalización, es muy difícil dar una opinión que no genere reacciones apasionadas: ¿Es bueno? ¿Es malo? La respuesta parece que depende de quien sea el afectado. Por ejemplo, para los ciudadanos de Puerto Real, en Cádiz, podríamos decir que el sentimiento es de frustración. El cierre de la planta de Delphi afectará directamente a unos 1.500 empleados; e indirectamente, a unos 1.300 trabajadores. Desde esta perspectiva, la deslocalización es dañina para España. Pero, por otro lado, Delphi no parece tener muchas alternativas para reducir sus costes operativos y sostener la viabilidad económica de la empresa.

En cambio, nadie pone en duda que la deslocalización es una tendencia irreversible, fruto de la globalización, y tiene un gran impacto en la sociedad, el empleo, las empresas y los gobiernos.

[*D En teoría, la deslocalización crea valor a las economías más desarrolladas, porque libera recursos para actividades con mayor valor añadido *]

La deslocalización podría definirse como el proceso de relocalizar algunos -o todos- los procesos de negocio de una empresa en otro país. El motivo principal suele ser la reducción de costes, pero también se analizan otras variables, como la destreza de los trabajadores y la garantía de calidad.

Delphi es una de las empresas más importantes del sector automoción a nivel mundial, y una de las empresas americanas que mejor ha adoptado las prácticas japonesas de reducción de desperdicios y mejora de la eficiencia -lean manufacturing- . Pero esto no ha sido suficiente para garantizar la viabilidad del negocio A pesar de su buen desempeño en términos de excelencia operativa, en 2005 se declaró en bancarrota, con casi 200.000 empleados y 159 centros de producción. ¿Dónde ha estado el fallo? Hay una serie de factores, como los altos costes laborales o la flexibilidad, que han precipitado el cierre de empresas en Estados Unidos y Europa Occidental.

[*D Algunas empresas están desarrollando programas para ayudar a recolocar a los trabajadores que se quedan sin empleo *]

Además, el fenómeno de la deslocalización se repite en todo el sector servicios. Por ejemplo, hay empresas de banca, telecomunicaciones y seguros que están deslocalizando sus procesos de procesamiento de nóminas, entrada de datos, proceso de aplicaciones de créditos y call centers. Esto ha sido posible gracias a la caída de los costes de las telecomunicaciones y la posibilidad de transformar actividades basadas en documentos físicos -papel- a actividades digitalizadas, que se pueden realizar en cualquier lugar del mundo. Y de todos los puntos del planeta donde pueden llevar a cabo, India y Filipinas figuran entre los destinos preferidos por las empresas anglosajonas.

De hecho, el potencial de los países en vías desarrollo para convertirse en las fabricas del mundo es inmenso. No sólo hablamos de mano de obra barata, sino que también podemos contar con ellos para trabajos que requieren destrezas técnicas. Wipro e Infosys, en la India, son dos grandes multinacionales de tecnología y procesos de negocio que están asumiendo un alto porcentaje del trabajo técnico deslocalizado desde Estados Unidos. El motivo es lógico: mientras un programador de software en EE.UU. cuesta 60 dólares por hora, en India cuesta 6 dólares/hora. Además, la producción de ingenieros en estos es impresionante. Sólo en China, cada año salen de las universidades 450.000 ingenieros. Y se espera que estos países puedan convertirse en grandes centros de diseño y desarrollo en áreas como electrónica, aeroespacial o consultoría técnica.

[*D Para las compañías, el reto es construir una cadena de suministros que se beneficie de las ventajas de un mundo globalizado y conectado *]

Los ciudadanos de los países desarrollados ven el fenómeno de la deslocalización como algo muy negativo y perturbador de su seguridad laboral. Sin embargo, en teoría, la deslocalización crea valor a las economías más desarrolladas -como España-, al crear valor a las compañías de esos países y liberar recursos para actividades con mayor valor añadido. El reto es mover a las personas desplazadas de sus puestos de trabajo a unos nuevos puestos de mayor agregación de valor.

Sin embargo, se observa que ni las empresas ni los gobiernos toman medidas para facilitar la gestión de este cambio global. ¿Qué podemos hacer para reducir el sufrimiento y la frustración de las personas que se quedan sin empleo? ¿Cómo podemos reducir el impacto de la deslocalización en nuestra sociedad? ¿Cómo pueden las empresas aprovechar los beneficios de la nueva red global de suministros?

Por citar sólo algunas ideas, algunas empresas multinacionales están desarrollando programas para ayudar a recolocar a los trabajadores que se quedan sin empleo. Para ello, se crean alianzas con empresas especializadas en la selección de personal. Otras empresas están ayudando a través de bonos especiales, que ayudan a los afectados mientras se reubican. Y en algunos países, están surgiendo seguros especializados que permiten protegerse contra este fenómeno.

En cuanto a la supervivencia de las empresas, que deben deslocalizar parte de sus procesos, el reto es diseñar y construir una cadena de suministros que se beneficie de las ventajas de un mundo globalizado y conectado. Hay que definir qué actividades se pueden realizar independientemente de la localización. Hay que escoger el nuevo destino en el que se realizarán. Y, finalmente, hay que establecer los mecanismos de gobierno de esta nueva cadena de suministros. Todo esto, teniendo en cuenta la responsabilidad social y ética de la empresa.

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