Rehabilitando a Blancanieves. Arquetipos femeninos para las organizaciones del S XXI

Celia de Anca. Profesora. IE Business School

11 Septiembre 2008

Las princesas que esperan en su torre han dejado de ser el mito de la heroína. Ahora parece que sólo se valora la acción, la versión femenina del héroe masculino. Un error.

El psicólogo Carl Jung argumentaba que el mundo occidental, al eliminar cualquier elemento ajeno a la estricta racionalidad, trasladó al nivel de subconsciencia una serie de arquetipos arraigados en nuestra conciencia colectiva primitiva. La relación del hombre con la naturaleza, lo sobrenatural o las funciones tribales pasaron a formar parte de nuestro mundo inconsciente, reapareciendo en forma de sueños, símbolos o mitos (1).

En este contexto es donde surge el mito del héroe con sus mil caras, como escribió Joseph Cambell, pero con una idiosincrasia cristalizada a lo largo de la historia, que no ha variado significativamente desde el subconsciente primigenio. Indiana Jones puede representar uno de nuestros héroes actuales que, como los de antes, muestra arrojo, valentía y determinación por alcanzar sus ideales. Aunque éstos sean ahora algo más materiales, fruto del cambio de los tiempos.

[*D La heroína ya no es la princesa que espera en su torre a que la rescaten. Es una intrépida e independiente aventurera, que compite con el héroe en valentía y fuerza. *]

La heroína, en cambio, sí ha sufrido un cambio radical. No es ya la princesa que espera impaciente en su torre a que la rescaten. Es una intrépida e independiente aventurera, que compite con el héroe en valentía y fuerza. Pero, eso sí, generalmente es el héroe quien la salva del barranco o de perecer en el fuego. Parece que el mito femenino del SXXI se ha convertido en una imitación del mito del héroe masculino... aunque, ¿más débil?

Quizás sea un buen momento para rehabilitar el mito femenino de nuestros cuentos, el de la princesa esperando en su torre, en su sentido más profundo, más allá de la interpretación de la sociedad patriarcal. El mito no es más que una simplificación superficial de algo complejo y profundo, y no una representación literal de la realidad, como se han interpretado a menudo los mitos femeninos.

[*D Hay que reinterpretar el mito femenino, elevando la consideración de lo que representa recibir, pero no de manera pasiva (la princesa que espera), sino activa. *]

El mito de la princesa anhelando en su torre no representa a la mujer bordando el ajuar en espera de un buen mozo casadero. La reinterpretación de mito, ajustada a una nueva condición, representa la capacidad de sublimar la recepción, elevar la consideración que tenemos de ella, pasando de una receptividad pasiva y sumisa, a una receptividad activa, constructiva y digna.

Pero, debido a nuestra tradición cultural, donde dar es siempre síntoma de generosidad, y recibir, de egoísmo, hemos tenido que suprimir, por necesidad, uno de los arquetipos femeninos que con mayor belleza se han descrito en todas las tradiciones místicas. Desde el árbol Sefirótico de la Cábala, hasta los sublimes poemas de unión mística de San Juan de la Cruz, en los que describe su espera anhelante por recibir al amado, teniendo ya su casa sosegada...

En nuestra sociedad, en la que la acción deja poco espacio a la reflexión y la culpa no nos permite recibir más que a cambio de algo, encontramos que la expresión inglesa running on empty (carrera sobre vacío) cobra más sentido que nunca. Ya que si uno pierde la capacidad de abrirse para recibir, ¿que le queda para dar?

[*D Para crear, primero debemos recibir, digerir otras ideas e inspiraciones para, así, hacer avanzar a la humanidad, a uno mismo y a las organizaciones. *]

La receptividad activa es la capacidad de absorber nuevas ideas e intuiciones, inspiraciones que activan al receptor para que, una vez digeridas, puedan convertirse en creaciones. Por tanto, primero debe haber receptividad activa como condición para una más comprometida y efectiva creatividad después. (Con la salvedad, claro está, de la capacidad receptiva de cada cual, ya que no todo lo recibido es comestible y la falta de canalización de lo recibido produce empacho y engorda sin llegar a crear nada).

Si la función del héroe de nuestro subconsciente colectivo era la generosidad en la entrega, es la generosidad en la recepción lo que caracterizó a nuestro mito colectivo femenino. El mito de Blancanieves representa la capacidad del ser humano de abrir su ser para recibir algo mas allá de sí mismo y poder, en esa recepción, activarse para crear y dar a su vez, y así, hacer avanzar a la humanidad, a uno mismo y a las organizaciones.

Es esa capacidad de recibir, que poseen muchos hombres y mujeres, lo que constituye uno de los valores centrales de la cultura de las nuevas organizaciones. Es el mito que aporta grandeza y creatividad a la interpretación consciente del arquetipo femenino en el S.XXI, y no la sublimación de Lara Croft, o de Lucy haciendo galletas en casa, que no es lo mismo….¡pero es igual!

(1) Carl Jung ed. Man and his Symbols Macmillan London 1964

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