<B>Responsabilidad social y creación de valor</B>

Angel Cabrera. Decano del Instituto de Empresa

19 Mayo 2003

Las empresas han de considerar su participación en acciones sociales de manera prioritaria y estratégica, con independencia de que estas actuaciones tengan un impacto directo cuantificable en la cuenta de resultados.

Dicen los economistas más liberales, representados muy bien por Friedman, que la única responsabilidad social del directivo es crear valor para su accionista. Bajo suposiciones de perfecta eficiencia, los mercados se encargan de que la creación de valor para el accionista termine por crear valor para el conjunto de la sociedad. Desde este punto de vista, cualquier inversión o gasto que no tenga por objetivo el maximizar el retorno para el accionista es no sólo innecesaria, sino que puede suponer una negligencia en el desempeño de la función última de cualquier empresa. Sólo si demostramos que la inversión puede tener beneficios financieros marginales para la empresa, estarían estas contribuciones justificadas.

En mi opinión hay tres muy buenas razones para que las empresas consideren su participación en acciones sociales de manera estratégica y central, tengan o no, un impacto directo en la cuenta de resultados:

1. Desde un punto de vista individual, la responsabilidad social estratégicamente manejada puede, en efecto, dar lugar a un aumento de ingresos o una reducción de costes. Una empresa socialmente responsable consigue aumentar su reputación, fortalecer su marca, y hacer sus productos más atractivos para determinados segmentos. Una empresa responsable logra tener acceso a capital de fondos de inversión responsables, y por tanto, ver reducido su coste medio de capital. Por último, una empresa responsable puede ver reducidos los riesgos asociados con incumplimientos legales actuales o futuros.

2. Desde un punto de vista colectivo, un conjunto de empresas que colaboran en el progreso de un entorno social y ecológico desarrollado y sostenible, pueden conseguir nuevas oportunidades de negocio (e.g. estrategias orientadas a la base de la pirámide) o ver reducidos sus costes de aprovisionamiento de materias primas y energía.

3. Por último, como motores de creación de valor en las sociedades, las empresas son depositarias de una responsabilidad social central y han de operar bajo unos condicionamientos morales fundamentales, que van más allá de los marcos reguladores y jurídicos del entorno donde operen.

[*D Respeto y Dignidad *]

Las empresas han de utilizar los recursos naturales eficientemente, han de respetar los derechos y la dignidad de las personas que emplean y de las que se ven afectadas por su actividad, han de ser transparentes y honestas con las personas o grupos que les proporcionan capital y recursos, y han de participar activamente en el desarrollo de las comunidades donde operan. Y han de hacer todo esto, porque les beneficia individualmente, porque les beneficia colectivamente y porque, mucho más importante aún, es parte fundamental del mandato con el que son creadas por la Sociedad como instrumentos para la creación y gestión de bienes comunes.

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