Un nuevo escenario para el crowdfunding

Manuel Romera. Profesor. IE Business School

30 Abril 2014

El crowdfunding es un movimiento imparable que, en todo el mundo, mueve más de 2.000 millones de dólares al año y, aunque no está exento de riesgo, permite soñar con un mundo mejor.

El crowdfunding es un instrumento híbrido entre inversión y donación, cuyo objetivo es conseguir que una organización, empresa o proyecto reciba financiación para conseguir sus objetivos. De este modo, numerosas personas físicas, en red o plataforma, en muchas ocasiones on line, aportan pequeñas cantidades de dinero de forma colectiva en proyectos que les parecen atractivos, por más razones que la rentabilidad financiera.

Ejemplos interesantes de crowdfunding son la inversión en artistas que buscan apoyo de seguidores, las campañas políticas, financiación de deudas, vivienda, escuelas, dispensarios y hasta el nacimiento de pequeños negocios.

Para regular el crowdfunding, el Gobierno está desarrollando un Proyecto de Ley cuyas principales líneas regulatorias consisten en que las plataformas sean supervisadas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, estando inscritas en un registro público. Además tendrán que presentar sus cuentas y responsables. Sin embargo, estas plataformas no funcionan como un servicio de asesoramiento financiero e inversión, son un mero procedimiento para poner en contacto a inversores y financiados.

Con todo esto, el regulador quiere potenciar la transparencia y preservar los derechos de los involucrados en cuanto a información y asunción de riesgos, al igual que habrá una información explícita sobre la no protección de los inversores por ningún Fondo de Garantía de Inversiones.

Además, existen límites cuantitativos, no pudiéndose superar los 3.000 euros por proyecto o los 6.000 euros anuales por plataforma. Esta parte cuantitativa está siendo controvertida, ya que esos límites los explicita el Gobierno para evitar engaños, pero creo que deja muy descafeinada la posibilidad de conseguir cantidades relevantes para financiar los proyectos.

Teniendo en cuenta que la mayoría de start-ups fracasan en sus inicios, hay que comprender que este tipo de inversión tiene un nivel de riesgo muy elevado. De momento, solo mueven 20 millones de euros al año en España, cifra que está a gran distancia de las logradas en otros mercados mucho más desarrollados, ya que distintos estudios confirman que en el mundo se mueven más de 2.000 millones de dólares al año en 300.000 plataformas de crowdfunding.

Este tipo de financiación presenta muchas ventajas. Además del dinero obtenido, es una manera de hacer público y constatar el nivel de éxito que puede llegar a tener un proyecto empresarial. Por tanto, el dinero recaudado es el mejor test de un buen negocio. Si se obtiene la totalidad del dinero requerido, es una señal clara de que la idea va por buen camino y el proyecto tiene visos de llegar a buen fin.

Este sistema novedoso de relación humana no debe de tomarse como una panacea ni como un sustituto de las financiaciones e inversiones tradicionales, pero sí como una herramienta que permite al inversor, además de buscar rentabilidad financiera, contribuir a crear un mundo mejor. Y dicen que las ideas mueven el mundo.

 

Publicado en Via@ElPais.com

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